Tras los sucesos del 11-S los estrategas militares
consideraron que la tecnología furtiva no sería tan necesaria en un escenario donde el enemigo no utilizaría radares ni dispondría de misiles de
alta tecnología; pero sí un gran número de armas menos sofisticadas.
Los aumentos del
gasto militar para sufragar las campañas en Afganistán e Irak parecían indicar
la necesidad de reducir algún programa de armamentos. Las dos empresas
contratistas del Comanche habían incurrido en aumentos excesivos de gastos y
eso fue uno de los factores que inclinaron la balanza para suprimir el helicóptero
y mantener los F22 y F35.
Los sucesivos
derribos de helicópteros acaecidos en Kósovo, Albania y Afganistán donde los
expertos indicaron que los nuevos escenarios requerían máquinas menos
vulnerables en lugar de más sofisticadas.

Este es el kit desmontado:
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